Con tan sólo 3 ingredientes podés hacer 40 bizcochitos sin gluten, sin usar balanza, sin complicaciones y muy fáciles de hacer.
Esta es una de esas recetas que no pueden faltarte en tu recetario porque es tan simple y tan económica, que no vas a creer el resultado: unos bizcochos crocantes por fuera pero suaves por dentro.
Otro de los puntos a favor de esta receta es que, si querés, podés incorporar sabor a tus bizcochitos sin gluten agregando hierbas, especias o incluso queso.
DALE ME GUSTA

Bizcochitos sin TACC fáciles y económicos
Ingredientes:
- 1 pote de crema de leche o nata
- 2 potes de premezcla
- 1 cdita de polvo de hornear
Preparación:
En un recipiente colocás un pote de crema de leche o nata de la cantidad que quieras. Lo importante es que no tires el recipiente de la crema porque te va a servir para poder calcular el resto de los ingredientes de la receta.
Una vez que colocaste la crema, vas a utilizar el recipiente vacío para calcular dos medidas de premezcla. La premezcla es una mezcla de harinas sin gluten que reemplaza a la harina de trigo en las recetas para celíacos.
Vas a colocar las dos medidas de premezcla sin gluten y el polvo de hornear y vas a integrar muy bien con la crema. Podés usar algún utensilio o directamente amasar con las manos.
En este punto podés agregar sal, hierbas, condimentos o lo que quieras para saborizar tus bizcochitos sin gluten.
El resultado debe ser una masa lisa y suave que no se pegue en los dedos. Una vez que tengas este resultado, vas a pasar la masa a una superficie limpia, enharinada con harina sin gluten y la estirás con la ayuda de un palo de amasar.
Cuando tengas la masa estirada del espesor que desees, cortás tus bizcochitos con el cortante del tamaño y de la forma que quieras.
Una vez que tengas los bizcochitos cortados, los pinchás con la ayuda de un tenedor y los acomodás en una fuente para horno previamente enharinada con harina de arroz o con premezcla.
Los bizcochitos se cocinan a horno medio 180°C por 15 o 20 minutos o hasta que estén dorados. Una vez que estén cocidos, los sacás del horno y los dejás enfriar muy bien.
Cuando están fríos, ya podés disfrutarlos. El resultado es increíble, unos bizcochitos crocantes por fuera y tiernos por dentro.







